Pablo Romero Montesino-Espartero

Pablo Romero Montesino-Espartero
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Camarote desde donde fueron escritas algunas de estas cartas-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Con este blog pretendo ir recopilando las cartas escritas por mi hermano Pablo Romero M-E, dirigidas a la familia, durante sus primeros años de navegación tras terminar su carrera de Marino Mercante allá por el final de la década de los años cincuenta, principio de los sesenta-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------.

domingo, 13 de noviembre de 2016

CARTA DESDE LIVORNO

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero                                           
         

 
A bordo del "Sincerity" navegando por el canal de kiel 1967

 

Carta nº 80

De una carta a la familia    
Matadi, 21 Julio 1972
                        

 
                                                                    
 
    Encontrar a Rosa esperando que el “Randa” atracara en los muelles de Valencia ha sido para mi una de las cosas más maravillosas que me han sucedido en la vida. A medida que el barco iba aproximándose al muelle y su imagen se iba agrandando en mis prismáticos, mi corazón se iba acelerando como  una locomotora desbocada. Hacía meses que la había dejado en Cáceres en una despedida con besos con sabor a sal de lágrimas. Fue una de las experiencias más duras de mi vida, y por la que estoy decidido a dejar la mar.
    Los meses pasados con ella en nuestro pisito cacereño han supuesto para mí un periodo de plena felicidad, de ilusión compartida y de amor como no había conocido jamás. El cariño que pone en todo cuanto  pueda agradarme me parece inmerecido por mi parte y no hago más que dar gracias a Dios por haberla puesto en mi camino.
    Mi camarote es muy grande, con despacho y salita de estar. Desde que ella embarcó tengo que echar a mis compañeros casi a palos. Sé que vienen solo a verla, y al telegrafista yugoslavo le resulta difícil apartar los ojos de mi Rosina. Toman sus cervezas y no hay forma humana de que se vayan del camarote. Lo mismo les sucede al Capitán y a los pasajeros franceses que traemos desde el Congo, cuando el primero, nos invita al aperitivo en su sala de estar. Me siento halagado y orgulloso de ella y de cómo se maneja cuando tenemos visita.
    En el Golfo de León, camino de Marsella, hemos encontrado tiempo bastante duro. El barco cargado con una cubertada de troncos se movió lo suyo, dando bandazos que a uno lo sacan de la cama. Bajé del puente para ver como se defendía y me sorprendió verla sonriente y agarrada a la cama como a una farola. Me la llevé al puente y pude disfrutar mostrándole al otro Pablo que no conocía. Siempre he tenido como asignatura pendiente el que alguien de la familia pudiera ver al Pablo responsable, en su quehacer diario. Después de catorce años de navegación, ha sido ésta la primera vez que esto sucede.
    Ha quedado muy sorprendida de ver como mi camarero de color y de nacionalidad congoleña, jamás nos da  la espalda al retirarse. Son viejas costumbres coloniales que uno no sabe hasta que punto deberían  permanecer, pero ahí están. 
    El otro día en Marsella disfrutamos haciendo turismo y comiendo  una cocina francesa  deliciosa, acompañada de un buen borgoña y quesos sabrosísimos. No es que te pongan una tabla de quesos, es que traen un carrito de tres “pisos” con más de diez  clases diferentes  a cual más delicioso. En España, los buenos restaurantes deberían tomar nota.
     Como ya os dije en cartas anteriores, tenemos intención de pasar en Cáceres la Nochebuena, por lo que en cuanto me llegue el relevo desembarcaremos en este puerto para volar desde Génova a Milán y Madrid. Tengo alquilado un coche para hacer un recorrido por la Riviera italiana antes de abandonar Italia.    
    Termino esta carta sentado en una terraza en Portofino. Hemos desembarcado y en coche hemos estado en Rapallo Santa Margarita y Génova. Hemos disfrutado de lo lindo con los paisajes a lo largo de toda la Riviera. El hotel en que nos hemos instalado en Portofino, tiene unas vistas preciosas hacia la bahía, salpicada aquí y allá de preciosos yates fondeados Es un pueblecito con mucho colorido rodeado de una mar azul de aguas transparentes y un puerto casi de juguete presidido por magnificas mansiones
en su costa más cercana. Han sido unos días que en cierta medida me recuerdan a nuestra luna de miel.
Tomaremos el avión en Milán y pasaré la Navidades con Rosa en nuestro pisito cacereño. ¡Un sueño hecho realidad¡
 
Pablo

viernes, 14 de octubre de 2016

CARTA DESDE EL CONGO

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


En el Gran Bassá de Costa de Marfil"


Carta nº 79                 
De una carta a la familia
Matadi, 21 Julio 1972

                                                 
   
.
    Doy comienzo a esta carta navegando a lo largo de la Costa de Marfil. Mañana por la mañana entraremos en Abidjan para dejar en ese puerto dos mil toneladas de camiones, maquinaria y tractores agrícolas, con los que hemos tenido muchos problemas durante el viaje debido al mal tiempo. Es una carga que puede causar graves daños al barco si se aflojan las trincas ya que un camión suelto chocando contra las cuadernas y las planchas del casco pueden producir una vía de agua y llevarnos al fondo del mar en un abrir y cerrar de ojos. El oleaje de través imprime al barco unos bandazos tales, que cuando debemos bajar a la bodega para frenar una pieza de 25 toneladas, se produce algo así como una corrida de toros, en la que marineros y oficiales, nos jugamos el tipo tratando de parar a la "fiera".  
.
De Abidjan iremos a Lagos (Nigeria) y de allí a Pointe Noir y Matadi (Congo) donde terminará el viaje de ida. El regreso será tocando puertos de Camerún, Ghana, Marruecos, Francia e Italia.
.
    Nuestro bello “Geneve” en estos momentos parece un barco de esclavos de principios de siglo XIX. En Nigeria tomamos pasajeros para Matadi. Los blancos van en cómodos camarotes con aire acondicionado y los 50 negros, los llevamos en cubierta. Duermen a la intemperie, comen de lo que llevan encima y viajan con gran cantidad de bultos, en los que esconden la coca con la que producen estupefacientes motivo generalmente de su viaje. Algunas mujeres van acompañadas de crios que transportan sobre sus espaldas metidos en un atillo de tela multicolor. Al atardecer rezan mirando la puesta de sol y entonan cánticos que me recuerdan a las “Minas del rey Salomón”. Por la mañana, el espectáculo desde el puente es indescriptible. Cogen agua dulce de los grifos de cubierta y se lavan completamente desnudos, hombres, mujeres y niños sin el menor pudor. Bien es cierto que lo negro todo lo oculta, o casi todo. A popa tenemos instalada una cabina de madera que sobresale del casco del barco y en la que hacen sus necesidades desde una altura de doce metros desde el nivel del mar. Otras más elegantes o por miedo a las alturas y a la mar  que aparece bajo sus pies, llevan su orinal para el “popó” que sin el menor reparo lo hacen sin ocultarse de nada ni de nadie. Bueno son cosas que viéndolas así parecen de lo más normal, pero si uno lo piensa...en fin, así es Africa y sus miserias. Las pasajeras francesas se lo pasan en grande contemplando el folclore desde las ventanas de sus camarotes.
.
    Continuo esta carta navegando por le río Congo camino de Matadi donde cargaremos 3.000 toneladas de cobre en lingotes. Matadi se encuentra a casi 300 kms. de la desembocadura del Congo. Es un río asombroso en el que debemos navegar a toda máquina, para poder luchar contra su fortísima corriente. Su cauce es muy cambiante dependiendo de sus tremendas crecidas, lo cual representa un riesgo añadido a su difícil navegación ya que el menor error puede dejar al barco parado en seco sobre un bajo de fangos. Llevamos un “práctico” que embarcamos en la desembocadura y que no es otra cosa que un aborigen semidesnudo buen conocedor del río. Lo elegimos siguiendo indicaciones de un capitán francés que conocimos en Camerún. Se presentan en piraguas y cada “práctico” lleva una bandera que no es otra cosa que su identidad personal. Luchan contra la corriente, el oleaje y a veces entre ellos mismos, para acercarse a nuestro barco con el fin de ser contratado. La competencia es tremenda y solamente termina, cuando el elegido sube por la escala de gato con su bandera arrollada al cuello en señal de victoria, y saluda desde el puente de mando a los perdedores. Este río, debido a sus crecidas, está cambiando continuamente su cauce, por lo que el tener a bordo a uno de estos conocedores de sus intrincados caminos y alteraciones, nos ayuda a relajarnos de los peligros que encierra su navegación. Navegamos por una mar color chocolate en la que el camino seguro para nuestro barco y su calado, permanece oculto a nuestros ojos, debiendo confiar ciegamente en las indicaciones de cambio de rumbo, que el aborigen da al piloto de guardia.
.
    Hemos terminado la carga de lingotes de cobre. Pesan 50 kilogramos cada uno. Es una carga sumamente golosa y problemática, pues si faltan lingotes en la descarga en Europa, tenemos graves problemas con la Aduana, pero no son menores si nos sobran. En este caso antes de finalizar la descarga, separamos los que sobran, los escondemos y al salir a la mar los lanzamos por la borda. Cada uno de ellos tiene un valor en Europa de unos 200 dólares.
.
    El calor húmedo mezclado con los olores del Africa más profunda hace que uno sienta deseos de salir corriendo...pienso como estarán en estos momentos las playas españolas... y yo aquí en mitad del río Congo, rodeado de selva tropical, mosquitos y negritud.
 .
Pablo

lunes, 29 de agosto de 2016

CARTA A TERE Y LUZ

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
 
 
 
Carta nº 78
 

 
Fotocopia de mi carta manuscrita dirigida a mis pequeñas y queridas cuñadas Tere y Luz
 
 
 


martes, 23 de agosto de 2016

CARTA DESDE SIRIA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


Foto : Con mis “tallymen” en Takoradi (Ganha), finalizada la carga de 12.000 toneladas de bauxita en el “Uje” para la Bristish Alluminium Co. de Escocia. Año 1970
 
 
Carta nº 77
De una carta a la familia
Mar, 10 de Junio de 1971

 
   Dejamos Latakia hace cuatro días y en estos momentos nos encontramos navegando  la costa de Argelia. La estancia en aquél puerto sirio ha sido bastante inquietante por la situación política actual. Latakia es un puerto árabe más en el que la miseria y la suciedad reinan por doquier, con el agravante de que a diferencia de Arabia Saudita, en donde el robo está penado con amputaciones públicas, aquí en cuanto te descuidas te entran en el camarote y te despellejan por robarte un transistor, y no pasa nada.
.
    De todo cuanto he podido ver, lo que más me ha gustado ha sido el comercio al aire libre de telas y brocados de Damasco. El colorido de los mercados exhibiendo tejidos artesanales bordados, alfombras persas y toda clase de objetos típicos árabes, es algo espectacular. En cada tenderete que encontraba a mi paso, pensaba cuánto hubiera disfrutado Rosa eligiendo alguna tela de aquellas. No pudiendo ser así, decidí hacerlo por mi cuenta y elegí un tejido negro precioso de Damasco bordado que estoy seguro de que mi Rosina sabrá sacar buen partido de él. Yo he pensado en una falda maxi de fiesta.
.
    Nuestra salida de Siria para los Estados Unidos ha estado rodeada del mayor secreto por la situación de estos países con Israel, eterno protegido de los norteamericanos. Lo cierto es que hasta que  no estuvimos fuera de sus aguas jurisdiccionales no supimos ni media palabra a donde nos dirigíamos. La orden fue “rumbo  a cabo Matapán” al sur de Grecia, y a decir verdad, supuso para nosotros una gran alegría el saber que dejábamos definitivamente  Siria  para volver a la civilización occidental. El ambiente empezaba a estar un tanto caldeado después de las declaraciones del presidente egipcio Sadat y sus fanfarronadas con respecto a Israel, lo cual no presagia nada bueno. En Siria, al igual que nos sucedió en Egipto, la censura postal es muy severa y hay que tener sumo cuidado de lo que se dice sobre la aparente situación de preguerra. El puerto está muy defendido con artillería de costa y  los minaretes y silos, parecen erizos por la cantidad de antiaéreos y nidos de ametralladoras colocados en los lugares más prominentes.
.
    Navegamos con buen tiempo en un Mediterráneo que no entiende de conflictos y nos regala su belleza en una demostración de grandeza capaz de hacer reflexionar a cualquiera. Uno se pregunta por qué Dios creó tal maravilla y la puso en manos de una humanidad cretina que solo ve a través de intereses territoriales y absurdos nacionalismos como si en la Tierra no hubiera sitio para todos.
.
    Llegaremos a la Texas Transport Terminal de Nueva
.
Orleáns el día 29 de junio y permaneceremos allí seis días cargando 9.000 toneladas de harina de soja para Venecia.
.
Seguro que estaréis pensando: Texas, Texas...Ruth... pues no. Soy un novio ejemplar y seré un buen marido. Cuando conocí a Rosa, salí de la curva, pero no por la tangente, sino por la línea recta que es la que conduce a los “ valores eternos”, he dicho.
 .
Pablo
 
                                                   

domingo, 7 de agosto de 2016

ATLANTICO SUR

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero


Foto: Puesto de venta de recuerdos de Abidjan en el que compré mis colmillos de elefante




 
Carta nº 76
De una carta a la familia
Isla de la Ascensión, 4 de Abril de 1971
 


          Después de pasar siete días descargando 12.000 toneladas de arroz en el puerto de Abidjan en Costa de Marfil, navegamos en demanda de la Isla de la Ascensión, situada en mitad de Atlántico Sur y a medio camino entre Africa Occidental y Argentina, nuestro destino.

Abidjan es una ciudad preciosa, que en nada tiene que envidiar a cualquiera otra de la costa europea. Los franceses han hecho de ella la más moderna de Africa Occidental dándole un sello de distinción, con un ambiente de lo más cosmopolita en las zonas en las que los europeos, -contrariamente a lo que sucede en las colonias británicas- se mezclan con la gente nativa sin complejos de ninguna clase por motivo del color de su piel o de su raza.

     Abidjan está situada a orillas de una extensísima laguna llamada Grand Bassá que se comunica con la mar a través de un canal. No he visto nunca playas tan bonitas como las de esta ciudad. Son kilométricas y rodeadas de palmeras rendidas sobre sus arenas rojizas, las de la costa. Las del lago están rodeadas de selva y son de arena blanca. 


     Los domingos la laguna se puebla de velas de colores y de lanchas rápidas arrastrando a esquiadores e impregnándolo todo de un cierto sabor mediterráneo. La laguna tiene cerca de 40 kms. de longitud y en ella desembocan varios ríos de aguas límpidas, formándose toda clase de accidentes geográficos que le dan un cierto carácter de mar interior. En la bajamar, el agua es dulce y en ella se cría una clase de insecto microscópico que al introducirse en los oídos humanos deterioran o dañan seriamente el órgano interno que regula el sentido del equilibrio. Al subir la marea, se desplazan con el agua dulce río arriba, lo que permite bañarse en sus aguas cuando en la pleamar es absolutamente salada.


     Por las tardes acudimos los marinos a una cafetería de lo más “chic” con una estupenda terraza con vistas a un parque que parece la continuación de la selva, de no ser por los paseos, los tenderetes y los niños blancos jugando con lo negros si ningún problema, disfrutando de la tierra con sus cubos y palas.


     El parque está flanqueado aquí y allá por tenderetes mostrando toda clase de artesanías africanas. Son espectaculares los grandes colmillos de elefantes, las pieles de leopardo y serpiente, pero a mi lo que más me atrae son las figuras en madera de ébano negro o ébano real. Las mejores las he comprado en Nigeria. Lo malo de todo esto es tener que cargar con todo hasta la llegar al barco. He adquirido dos colmillos de elefante de pequeño tamaño, pero que tienen gran mérito ya que están labrados en ellos dos figuras muy elegantes. 


     Ya en el ámbito más sentimental, le he comprado a Rosa un colgante que representa una máscara africana con rejilla muy fina, todo en oro. A mi me ha hecho gran ilusión y daría cualquier cosa por poder entregársela hoy mismo.


     Otro de los atractivos de la terraza es la mutación que nos ofrece el arbolado del parque. De día sus ramas están pobladas de grandes hojas oscuras que desaparecen al caer la noche. El secreto se nos desveló cuando un día, al atardecer, vimos como millones de murciélagos de grandes proporciones abandonaban los árboles en dirección al lugar por donde se había ocultado el sol.


 En este puerto, el año pasado y fletados por la ZIM descargamos entre otras muchas mercancías, una partida de veinte toneladas de zapatos baratos cargados en Italia. Cuando salían los estibadores de la bodega, todos lo hacían con zapatos nuevos flamantes, contrastando con sus desnudeces y su ropas deterioradas y sucias. Al terminar la descarga, se recogieron como barreduras de la bodega más de mil pares de sandalias viejas y chanclas de todo tipo y condición abandonadas después del cambio. El fletador ha decidido en próximos embarques cargar los del pie derecho en un barco y los del izquierdo en otro. No sé hasta que punto le resultará, pues esta gente es capaz de ponerse los de un pie en los dos.

Llevamos cuatro días de navegación desde que dejamos atrás el Africa Occidental y a pesar de que la Isla de la Ascensión es como una aguja en el pajar atlántico, mis cálculos con las estrellas al alba y al ocaso, nos han traído sin error alguno a recalar en ella. A la hora calculada, despuntó por nuestra proa en un horizonte azul y nítido el cono parduzco del volcán. Con objeto de verla y comprobar nuestra situación, nos hemos desviado de nuestro rumbo directo a Mar del Plata, pues seguramente jamás volveremos a tener la ocasión de pasar tan cerca de ella. Es quizás una de las menos conocidas por parte de los marinos del mundo entero, debido a que está a trasmano de todas las rutas que cruzan este océano. Aparte los bancos de delfines y algún tiburón o manta, no hemos visto el menor signo de vida en lo que llevamos de viaje.


     La isla de la Ascensión es de origen volcánico, no tiene agua, la vegetación es escasísima y solo viven en ella unos cuantos aborígenes y dos o tres blancos que cuidan de las instalaciones que unen por cable submarino Nueva York con Ciudad del Cabo. Es inaccesible, no tiene puerto, ni rada alguna, solo se puede llegar en avioneta o helicóptero. Nos acercamos tanto a su costa, que podíamos ver a sus escasos pobladores atentos a nuestros cambios de rumbo; deben haber pensado que llegaba el Mesías.


 Otros habitantes son las tortugas gigantes que ponen sus huevos en los meses de Junio y Julio, los entierran y se van, desligándose por completo de sus futuras crías.


Hace quince días que solo me quito el bañador para meterme en la cama. Llegaremos a Mar del Plata a principios del otoño austral y entraremos en el Mediterráneo a principios del verano boreal. Las noches son esplendidas y cuando viene algún chubasco tropical aprovechamos para dejarnos duchar por la lluvia fresca. No hay mayor disfrute en el trópico que una ducha nocturna bajo la lluvia.

 Permaneceremos en la Argentina un mes aproximadamente...sé lo que estáis pensando y el que sea, se equivoca. Aquello está más apagado que el Chimborazo y en mi corazón solo cabe ya la persona que me espera en Cáceres. Mi pena es no haberla encontrado antes, me habría evitado dilapidar años preciosos de mi juventud. Pero aún queda mucho amor dentro de mi y toda una vida para hacer feliz a Rosa en la que pienso en cada instante. Vivo obsesionado con mi vuelta a España, y mi mayor deseo es casarme con ella cuanto antes.

Pablo





jueves, 7 de julio de 2016

YO ME CONFIESO

Autor:
Pablo Romero Montesino.Espartero

                    

  Mi otro puente




Carta nº 75
De una carta a la familia
Canal de la Mancha, 18 Septiembre de 1970
 
       Ha sido mucho tiempo en tierra, aunque en mi reloj biológico tan sólo transcurrieran  escasas horas. Los primeros días fueron horribles y mientras deshacía las maletas a bordo, sentía una gran opresión en mi corazón y una profunda tristeza, pensando en cuanto había dejado atrás.
.
    Desde que me despedí de la familia Turégano hasta el momento en que dejé mi “coupé”, cada adiós ha sido una prueba.
.
    A todos nos cuesta trabajo enfrentarnos a las obligaciones, sobre todo después de un largo periodo de “dolce vita”, pero creo que esta vez ha sido para mí la más dura a la que me he enfrentado en mi vida.       Poco a poco voy recuperándome del mal trago que ha supuesto para mí despedirme de Rosa.
.
    Mamá, o yo no he estado enamorado  nunca o esta vez lo estoy en demasía. Creo que la respuesta vendrá en cuanto haga unas escalas, pues hasta ahora no he respetado regla alguna de juego, olvidándome lo que dejaba atrás si lo que tenía delante me apetecía. Ahora me siento muy seguro de mí mismo y sin otro deseo que el  de ahorrar lo suficiente para volver de nuevo a ella y casarme. Todo esto quizás me lo hayáis oído decir más de una vez, pero lo hacía sin  convencimiento e influenciado por la euforia que a cualquier marino le produce el estar en tierra. He llegado incluso a sentir cierto remordimiento al no poder ofrecer a Rosa una vida más tranquila de la que le espera conmigo, algo así como si al casarme con ella fuera a cometer un delito grave. Me siento inmerecedor de su juventud, su belleza, su bondad, su educación y de los valores que día a día voy descubriendo en su persona, ¿pero cómo renunciar?, si Dios la manda quiere decir que algo bueno habrá encontrado en mí para concedérmela.
.
    Los detalles más insignificantes como por ejemplo el ver mis zapatos limpios y metidos en una bolsa, las camisas bien planchadas, los pantalones y las chaquetas perfectamente colocadas en las maletas...me doy también cuenta ahora, de que debería haber pasado más tiempo contigo mamá, pero cuando se tiene todo, no damos importancia a cosas que al faltarnos las echamos terriblemente de menos. Con el vivo deseo de ser mejor y como pecador arrepentido, he llegado incluso a pensar en confesarme para ponerme a buenas con Dios y en agradecimiento a la oportunidad que me brinda al entregarme una mujer excepcional, a la que con el paso del tiempo, espero hacerme merecedor. Lo malo es que con los viajes que hago últimamente a Alemania, Túnez o Marruecos no me va a ser fácil encontrar un cura que me entienda y si espero a mi vuelta a España, a lo peor cuando llegue, han quitado el sacramento.
.
    El tiempo es bueno con las clásicas nieblas del Canal de la Mancha. Os recuerdo a cada instante.
.
Pablo
 

               

viernes, 27 de mayo de 2016

LA REVANCHA

Autor:
Pablo Romero Montesino-Espartero
  
De la película "Rebelión a bordo"
 



Carta nº 74
Amberes, Enero de 1970

 

Hemos llegado a Amberes, y en el muelle nos estaba esperando el relevo de todos y cada uno de los que habíamos participado en la “rebelión” en Puerto Chicama. Al poderoso Lauro no le había sentado nada bien el que un grupito de orgullosos españoles, dejáramos tirado a su representante en un perdido puerto de la costa peruana.

Fue una despedida triste por dejar tan buenos compañeros y amigos, pero también alegre por haberle dado una lección a la única persona que a bordo no supo mantenerse en su lugar en ciertas circunstancias. Tuvimos una cena de despedida en un estupendo restaurante de Amberes, los que ya no volveríamos a coincidir nunca más en un mismo barco y del que cada uno de nosotros se llevaba recuerdos imborrables.

Ganamos una batalla, pero como siempre sucede, el más fuerte acaba ganando la guerra, aunque no le asista la razón.

Habíamos llevado a cabo un viaje difícil, descargando con los puntales y pluma del barco, gran parte de la maquinaria de gran tonelaje de difícil manejo y que los estibadores peruanos habrían destrozado, de no haber intervenido nosotros a petición del fletador Lauro.

Formamos un equipo de profesionales jóvenes, alegres, trabajadores y unidos en todas las acciones, a bordo y en tierra, respetando siempre el rango de cada cual. Una tripulación que dejó un buen cartel en todos los puertos del Pacífico Sur y del que autoridades y gente común en Polonia, quedó asombrada de nuestra solidaridad en los veinte días que duró nuestra descarga en el puerto de Gdynia, especialmente viendo como celebramos la Navidad a bordo, en un comedor engalanado con las banderas de Polonia, Italia, Yugoslavia, Ecuador, España y la del pabellón de nuestro barco, Panamá, en una mesa corrida, en la que nos sentamos todos, desde el Capitán hasta el último marmitón de la cocina incluido un polizón.

 El “Alacrity” tampoco defraudó batiéndose en los temporales con la valentía y resistencia de los buenos barcos marineros, y cuando a bordo del taxí que me llevó al aeropuerto vi por última vez su atípica proa “Mayer” ,sentí que con él dejaba una parte de mi “hogar”.

Pablo.